lunes, 8 de junio de 2015

Cuentos para Niños de corazón grande

LIGERO DE EQUIPAJE





Un turista americano fue a visitar a un famoso rabino polaco, Hofetz Chaim.
Al ver que el rabino vivía en una habitación sencilla con sólo una mesa, un banco y un montón de libros, se sorprendió y preguntó: "Rabino, ¿dónde están los muebles?"

"¿Dónde están los tuyos?", le respondió el rabino.

"¿Mis muebles?", respondió el turista, que no salía de su asombro, "no soy más que un visitante que está de paso".

"Igual que yo", le contestó el rabino.

Probablemente, el secreto de viajar por la vida sea hacerlo ligeros de equipaje.

Cuántas veces hemos escuchado la frase "viajar ligero de equipaje" la cual asociamos a las cosas materiales que tenemos o cargamos siempre con nosotros. Pero lo material no es lo único que llevamos, eso es sólo lo más evidente.

Llevamos también hábitos, recuerdos que nos causan pesar, heridas no curadas, decepciones, rencores, que si analizamos bien, nos resultan aún más pesados que un saco de piedras, pues ocupan nuestra mente y nuestra energía no dejando lugar a que surjan nuevas emociones, sentimientos y experiencias.


Descarguemos nuestro saco de ideas o emociones que nos detienen y alcemos vuelo en busca de nuevas oportunidades. 

domingo, 31 de mayo de 2015

Cuentos para Niños de Corazón Grande

JUNTOS PERO NO ATADOS





Cuenta una vieja leyenda de los indios sioux que, una vez, hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

- Nos amamos- empezó el joven
- Y nos vamos a casar- dijo ella. - Y nos queremos tanto que tenemos miedo.
- Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos.
- Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
- Por favor- repitieron-, ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
- Hay algo...-dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé...es una tarea muy difícil y sacrificada.
- No importa- dijeron los dos.
- Lo que sea- ratificó Toro Bravo

- Bien- dijo el brujo-, Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.

- Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo-, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta...salgan ahora.
Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur...

El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

- ¿Volaban alto?- preguntó el brujo
- Sí, sin duda. Como lo pediste... ¿Y ahora?- preguntó el joven, -¿lo mataremos y beberemos el honor de su sangre?
- No- dijo el viejo. Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne - propuso la joven
- No- repitió el viejo. Hagan lo que les digo. Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero...Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros.
El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, "vuelen juntos pero jamás atados".

domingo, 24 de mayo de 2015

Cuento para Niños de Corazón Grande...



¿Cómo matan los cobardes?





Una vez Confucio caminaba junto a un discípulo por unas montañas de tupida arboleda. Sentían mucha sed, por lo que mandó a su alumno que bajara al riachuelo por un poco de agua.

Cuando Zi Lu, el discípulo, se incorporó después de saciarse en las cristalinas aguas, sintió que su pelo se erizaba al ver a un tigre a su espalda con las dos patas delanteras levantadas, en plena acción de ataque y que le venía encima. Sentía tal pánico que empezó a mover mecánicamente las manos en una desesperada defensa instintiva. Fracciones de segundo antes de que la terrible pata de la fiera lo derribara de un golpe, se hizo de lado y se apoderó, no se sabe cómo, de la cola del tigre y tiró de ella con frenesí una y otra vez, con movimientos desenfrenados. Al final, vio que la fiera se alejaba gimiendo, quedándose él atónito, con la cola del tigre en las manos.

Un buen rato después, cuando hubo recuperado la calma de sus nervios destrozados, volvió con el agua y el exótico botín de su hazaña.

Preguntó al maestro cómo matan al tigre los más valerosos. Confucio le contestó:

- Los héroes lo hacen asestándole golpes en la cabeza, los menos valientes lo hacen tirando de sus orejas, y los cobardes se apoderan únicamente de la cola. 

El discípulo de Confucio se sintió burlado. Arrojó lejos la cola del tigre y metió una piedra en su bolsillo. Odiaba a su maestro creyendo que le había enviado por agua para que le matara la fiera. Quería vengarse con esa piedra justiciera, pero antes preguntó:

- Maestro, ¿cómo matan los más valerosos?
- Los más valerosos matan con el pincel, los menos valientes lo hacen con la lengua.
- ¿Y los cobardes?- Con la piedra en el bolsillo. Su discípulo se estremeció de miedo y se puso de rodillas ante su sabio tutor. De allí en adelante se convirtió en el alumno más fiel y más brillante de Confucio.


Extraído del Libro "101 Cuentos Clásicos de la China" Recopilación de Chang Shiru y Ramiro Calle